El libro digital reemplazará al libro impreso ¿mito o realidad?
Por Salvador Navarrete Marinez
Siempre que aparece un nuevo invento la humanidad se ha plateado si éste va a desplazar al anterior. Cuando se inventó la radio, se pensó que iba a desplazar al periódico, porque la información ya iba a ser narrada; cuando surgió la Televisión, se dijo que iba a desplazar a la audiencia de los radioescuchas; cuando surgió el video, se pensó que desaparecería el cine, puesto que podría verse desde la comodidad de la casa y cuando uno quisiera.
Sin embargo, hemos podido constatar que cada medio de comunicación masiva tiene su auditorio y lejos de desplazar uno a otro, éstos se complementan. Veamos: Escuchamos en la radio una noticia, que por su inmediatez no se detiene en detalles. Por la noche queremos saber más acerca del evento; pero por su estructura la televisión sólo le dedica poco tiempo. Entonces, al día siguiente compramos el diario para leer no ya la noticia sino sus posibles repercusiones y entonces leemos la nota, pero también los artículos que se refieren a ella, para así nosotros formarnos una opinión.
Si consideramos que no fue suficiente, entonces compramos una revista especializada en el tema, además, consultamos en internet acerca del asunto y platicamos con nuestros amigos y compañeros..
En el caso del libro impreso existen diversas opiniones, desde quien afirma que es más cómodo tener el libro, porque así cuando queramos podemos remitirnos a él. Además de que estamos inmersos en una cultura de la posesión, si lo tengo es mío y por lo tanto lo puedo manipular, subrayar, llevar conmigo, forrarlo, ponerle mí nombre, en sí hacerlo más personal. Además, como ya fue publicado le damos la carga emocional de que pasó por varias instancias antes de salir a la venta. Otros le atribuyen valores subjetivos, como el olor a la tinta; de que se desgastan menos los ojos que frente a un monitor; además de que podemos llevarlo hasta la cama para continuar la lectura, cosa que con la computadora aún no se puede.
El texto y el hiperetexto tienen sus virtudes y sus fallas; sin embargo, el papel más importante lo tiene quien los sepa utilizar y extraerle el mayor provecho. Tanto uno como otro requieren de destrezas para encontrar el conocimiento. La tecnología depende de la energía para poder funcionar, en cambio el libro impreso, solo requiere de luz natural, bueno, y que la persona sepa leer.
Podríamos enlistar ventajas y desventajas tanto de uno como de otro, pero lo más importante no es delegarle al medio el papel preponderante, sino al hombre que es quien debe aplicar ese conociendo en bien de la humanidad, para transformar la realidad y construir un mundo más equitativo, con igualdad de oportunidades.
Por Salvador Navarrete Marinez
Siempre que aparece un nuevo invento la humanidad se ha plateado si éste va a desplazar al anterior. Cuando se inventó la radio, se pensó que iba a desplazar al periódico, porque la información ya iba a ser narrada; cuando surgió la Televisión, se dijo que iba a desplazar a la audiencia de los radioescuchas; cuando surgió el video, se pensó que desaparecería el cine, puesto que podría verse desde la comodidad de la casa y cuando uno quisiera.
Sin embargo, hemos podido constatar que cada medio de comunicación masiva tiene su auditorio y lejos de desplazar uno a otro, éstos se complementan. Veamos: Escuchamos en la radio una noticia, que por su inmediatez no se detiene en detalles. Por la noche queremos saber más acerca del evento; pero por su estructura la televisión sólo le dedica poco tiempo. Entonces, al día siguiente compramos el diario para leer no ya la noticia sino sus posibles repercusiones y entonces leemos la nota, pero también los artículos que se refieren a ella, para así nosotros formarnos una opinión.
Si consideramos que no fue suficiente, entonces compramos una revista especializada en el tema, además, consultamos en internet acerca del asunto y platicamos con nuestros amigos y compañeros..
En el caso del libro impreso existen diversas opiniones, desde quien afirma que es más cómodo tener el libro, porque así cuando queramos podemos remitirnos a él. Además de que estamos inmersos en una cultura de la posesión, si lo tengo es mío y por lo tanto lo puedo manipular, subrayar, llevar conmigo, forrarlo, ponerle mí nombre, en sí hacerlo más personal. Además, como ya fue publicado le damos la carga emocional de que pasó por varias instancias antes de salir a la venta. Otros le atribuyen valores subjetivos, como el olor a la tinta; de que se desgastan menos los ojos que frente a un monitor; además de que podemos llevarlo hasta la cama para continuar la lectura, cosa que con la computadora aún no se puede.
El texto y el hiperetexto tienen sus virtudes y sus fallas; sin embargo, el papel más importante lo tiene quien los sepa utilizar y extraerle el mayor provecho. Tanto uno como otro requieren de destrezas para encontrar el conocimiento. La tecnología depende de la energía para poder funcionar, en cambio el libro impreso, solo requiere de luz natural, bueno, y que la persona sepa leer.
Podríamos enlistar ventajas y desventajas tanto de uno como de otro, pero lo más importante no es delegarle al medio el papel preponderante, sino al hombre que es quien debe aplicar ese conociendo en bien de la humanidad, para transformar la realidad y construir un mundo más equitativo, con igualdad de oportunidades.

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